martes, 16 de octubre de 2012

La profesora diferente


La profesora diferente
Por Olga Lidia Pérez

Cuando todavía no nos había dado clases, ya era para nosotros, estudiantes entonces de los primeros años de Lengua Francesa en la Universidad de La Habana, una profesora singular.

No conocíamos bien su nombre. Era tan solo una de las tres profesoras francesas que impartían clases en la Facultad de Lenguas, en aquellos primeros años de la década del 80; pero que llegaba diariamente, no en las guaguas -también entonces esquivas y difíciles-, ni un auto, sino en una bicicleta pequeña, con un cesto delante del timón, donde transportaba documentos y bolso. 

Ahora, treinta años después, nada tendría de singular porque las bicicletas forman parte de nuestra cotidianidad, pero en aquel momento llamaba inmensamente la atención.

Luego Wanda llegó a nuestra aula y con ella, una dimensión diferente –hondamente humana- de la lengua, la historia, la cultura y en especial la literatura francesa. Nos trajo a Flaubert, explicado y disfrutado de un modo que no alcanzo a describir, pero también canciones francesas para niños, clásicas, bien conocidas, que nos cantó y nos hizo cantar para quedaran grabadas en nuestra memoria. Un hijo suyo, que tocaba el piano –nos contó-, había grabado en un casete la melodía, el acompañamiento.

Un día, cuando debatíamos un cuento que abordaba la ocupación alemana en Francia y ante una pregunta seguramente ingenua de mi parte, y para que aprendiéramos a valorar los acontecimientos en toda su dimensión, en todos sus tonos y matices, nos contó una desgarradora historia de su propia familia de origen polaco y la barbarie nazi.

Después nos graduamos y ella siguió siendo Wanda Lekszycki, una respetada y querida profesora de francés de ojos inmensamente azules. Solo después supimos que el hijo pianista se llamaba Ernán, y el percusionista Ruy, y que su compañero era Leonel López-Nussa.

Años más tarde nos reencontramos en el patio que comparten La Casa de la Poesía y el Centro Pablo de la Torriente Brau. Estaba yo ultimando detalles para dar inicio a un espacio que quincenalmente conducía entonces, la peña “Como un ave libre”, y Wanda venía a visitar al Centro Pablo donde se preparaba una exposición de homenaje a Leonel López-Nussa. A la emoción que viví al reencontrarla se sumó el honor tremendo de tenerla sentada en el público de la Peña, porque tuvo la gentileza de quedarse hasta el final y ofrecerme sus alentadoras opiniones. 

Recientemente, al leer el artículo “La familia de Wanda y Leonel” de Pedro de la Hoz, todas las nostalgias volvieron de golpe, y quise entonces aportar modestamente y en su homenaje, mi visión de una mujer singularísima que no solo fue “la madre de los muchachos, con una sensibilidad especial para la música, (que) estimulaba al igual que Leonel, el camino emprendido por sus vástagos”, sino también una profesora excelente, una pedagoga que supo mostrarnos el alma profunda de las obras y los hombres. 

La Habana, 14 de septiembre de 2012

No hay comentarios:

Publicar un comentario